¿Ha llegado el momento de replantearnos cómo se lleva a cabo el trabajo creativo?

Después de haber trabajado desde casa durante unos meses, veo que funciona para la mayoría de los equipos y personas de la oficina moderna. Y, sobre todo, para los y las profesionales de la creación.

Mike Mandolese, responsable de diseño, HP Hood.

La noticia llegó el 12 de marzo al mediodía. A partir del día siguiente, todo el personal de Monotype tendría que trabajar desde casa: para empezar, dos semanas y, luego, ya se vería.

En nuestro caso, la transición fue relativamente fluida. Monotype es una empresa completamente internacional, por lo que las llamadas de Zoom entre múltiples husos horarios, desde Los Ángeles hasta Boston o Berlín, ya eran algo habitual. Además, muchos empleados trabajaban desde casa antes de la pandemia del coronavirus; si no a tiempo completo, al menos ocasionalmente, por lo que ya habíamos implementado sistemas para adaptarnos al trabajo a distancia (¡gracias, equipo de TI!). Pese a ello, como en la mayoría de las empresas, las primeras semanas tuvimos algunos altibajos, ya que 600 personas (todo nuestro equipo) tenían que adaptarse a una nueva forma de trabajar.

Ahora, después de tres meses, todos nos preguntamos qué está por venir y, más en concreto, qué implicaciones tiene esta realidad para el trabajo creativo. El diseño y la creatividad no solo son pilares fundamentales de nuestra labor, sino que son literalmente nuestro trabajo. Hemos dedicado mucho tiempo a pensar en el impacto que ha tenido la pandemia en la colaboración que impulsa el trabajo creativo en las empresas de todo el mundo, y hemos recopilado algunas ideas sobre qué podría depararnos el futuro.

«Refugios creativos en casa».

El trabajo creativo, ya sea diseño gráfico, tipografía o escritura, es en cierta forma paradójico porque se nutre de dos opuestos: la colaboración y la soledad más absoluta.

Este último aspecto puede resultar difícil de alcanzar en la oficina, donde siempre hay voces de fondo, interrupciones, mala iluminación y otros factores que pueden perturbar el proceso creativo de una persona (aunque también hay que decir que algunas personas hacen un trabajo increíble en la oficina). Si te acercas a algún departamento de diseño, verás diversos mecanismos de supervivencia: auriculares grandes, espacios de trabajo llamativos e incluso personas que se levantan de su escritorio para trabajar solas en una sala de reuniones. Trabajar en casa también tiene sus distracciones, pero en general nos da más control sobre cómo estructurar la jornada laboral.

«Al principio, a los diseñadores y diseñadoras, entre los que me incluyo, nos gustó la idea de trabajar en nuestros refugios creativos en casa, sin interrupciones», explica Mike Mandolese, responsable de diseño de HP Hood, en Boston (y ponente en Brand Talks Conectados). «Encontrar un lugar tranquilo en el que diseñar concentrado y en soledad es mucho más fácil en casa que en la oficina. Y eso que soy padre de dos niños de cinco y siete años».

El trabajo creativo, ya sea diseño gráfico, tipografía o escritura, es en cierta forma paradójico porque se nutre de dos opuestos: la colaboración y la soledad más absoluta. 

Gretchen Walker, diseñadora sénior de Monotype, está de acuerdo. Afirma que trabajar desde casa le ha permitido equilibrar periodos de trabajo con descansos breves; algo que no siempre podía hacer en la oficina. «Al trabajar desde casa, hago algunas pausas de 15 minutos a lo largo del día para reiniciarme a nivel creativo. Con eso, he conseguido ser más productiva», cuenta. Tomarse algún descanso que otro es una buena práctica, independientemente de dónde se trabaje, pero a veces la presión social de la oficina nos impide hacerlo.

Trabajar desde casa no solo ofrece un lugar tranquilo para concentrarse, sino que permite a los y las profesionales de la creación organizar su jornada en torno a las horas en las que su productividad es mayor. Algunas personas son más creativas a primera hora de la mañana o a última hora de la noche, por lo que constreñirlas a un horario laboral tradicional puede ser un lastre para su productividad y afectar a la calidad de su trabajo.

Encontrar un lugar tranquilo en el que diseñar concentrado y en soledad es mucho más fácil en casa que en la oficina. Y eso que soy padre de dos niños de cinco y siete años.

Mike Mandolese, responsable de diseño, HP Hood.

«He descubierto que, por las mañanas, lo que mejor me funciona es tener reuniones, llamadas e intercambiar comentarios sobre proyectos», explica Walker. «En cambio, me reservo la tarde para diseñar, revisar y abordar cualquier cuestión pendiente de las actividades de la mañana. Gracias a eso, mi calendario de entregas es más eficiente, sobre todo cuando trabajo con equipos y compañeros de zonas horarias diferentes».

James Fooks-Bale, director creativo de Monotype, explica que hay un gran número de profesionales de la creación hoy en día que se han acostumbrado a trabajar en entornos no tradicionales, por lo que no les cuesta adaptarse a los cambios». Afirma que «el temple y las aptitudes sociales de nuestros equipos han sido fundamentales» para lograr una transición fluida al teletrabajo.

Zoom, Zoom y más Zoom.

Aunque trabajar en casa puede ser más cómodo y productivo para muchos diseñadores y diseñadoras, plantea retos importantes para el factor colaborativo de la labor de diseño. Al fin y al cabo, todo el trabajo creativo es, en última instancia, un trabajo de equipo que empieza con una declaración de intenciones creativas y una lluvia de ideas, y concluye con un ciclo de revisiones. Y aunque estas tareas pueden programarse, existe un elemento de espontaneidad inherente a la colaboración creativa muy difícil de reproducir en una situación de teletrabajo. «A menos que te propongas lo contrario», explica Fooks-Bale, «esas reuniones espontáneas en el estudio o las charlas improvisadas en las mesas de tus colegas pueden desaparecer por completo».

Mandolese está de acuerdo. «Normalmente, compartíamos consejos y comentarios de forma improvisada en la oficina», explica. «Por ello, a medida que pasaba el tiempo y empezaban a llegar nuevos proyectos, la atención al detalle y la conciencia como equipo sobre nuestro trabajo empezaron a decaer un poco. Creo que aproximadamente un mes después del inicio de la cuarentena, llegamos como equipo al punto más bajo de la curva de campana».

A menos que te propongas lo contrario, esas reuniones espontáneas en el estudio o las charlas improvisadas en las mesas de tus colegas pueden desaparecer por completo.

James Fooks-Bale, director creativo de Monotype.

Nada puede reemplazar los comentarios espontáneos que puedes hacerle a tu compañero o compañera de equipo o las charlas que podéis tener tomando un café. Pese a ello, los profesionales creativos tienen la suerte de contar con múltiples programas de colaboración que facilitan, al menos en parte, esas interacciones espontáneas. Slack, Zoom y otras plataformas son eficaces para conectar a los equipos que trabajan a distancia.

Pero al fin y al cabo, son solo herramientas. Antes del COVID-19, la mayoría utilizábamos estas herramientas como complemento a las conversaciones de la vida real. Cambiar a un entorno laboral en el que estas herramientas son la única forma de comunicarnos exige replantearse por completo su papel en nuestro flujo de trabajo. El deseo de mantenernos en contacto puede hacernos recurrir en exceso a las videollamadas y encontrarnos ante un flujo interminable de chats, lo que puede complicarnos el día a día y reproducir las distracciones de la oficina.

Este enfoque de comunicación constante es, en parte, una respuesta directa a la necesidad de mantener informado a todo el equipo de nuestros avances. La falta de charlas presenciales ha llevado a Mandolese, por ejemplo, a cambiar su forma de dirigir las reuniones. «Antes del COVID-19, las reuniones de personal eran más bien un análisis general sobre el trabajo de la semana anterior, pero ahora repasamos nuestros proyectos uno a uno y comentamos los detalles mucho más que antes», afirma. «Me he dado cuenta de que nos permite apoyarnos más en la experiencia de los demás en el mundo digital en el que vivimos. Repasar nuestros trabajos a un nivel más detallado nos permite asesorarnos mutuamente».

El deseo de mantenernos en contacto puede hacernos recurrir en exceso a las videollamadas y encontrarnos ante un flujo interminable de chats, lo que puede complicarnos el día a día y reproducir las distracciones de la oficina.

El cambio al teletrabajo ha traído consigo algunas consecuencias prácticas. Muchas marcas siguen almacenando recursos como las fuentes o los gráficos en servidores locales o incluso en ordenadores de miembros del equipo, lo que plantea un gran problema cuando los equipos no pueden acceder a ellos. Ya era bastante difícil saber quién había comprado cada recurso o qué activo pertenecía a cada proyecto cuando trabajábamos en la oficina, imagínate ahora que estamos repartidos por distintas ciudades y zonas horarias.

Para las empresas que no estaban preparadas para el trabajo a distancia, ampliar estos sistemas de gestión puede resultar difícil y provocar importantes problemas en el flujo de trabajo y riesgos para la coherencia visual de marca. Al principio de la pandemia, quizás la mayoría de estas cuestiones se percibían únicamente como efectos colaterales que quedarían en el pasado una vez pasara la tormenta. ¿Qué sentido tendría invertir en un software de gestión de recursos basada en la nube si pronto volveríamos a la oficina? ¿Por qué redefinir nuestro enfoque sobre las reuniones o revisiones de proyectos?

La respuesta es muy sencilla: no estamos ante un cambio temporal. El teletrabajo ha llegado para quedarse.

Igual, pero diferente.

En muchos sentidos, la pandemia del COVID-19 ha acelerado corrientes que ya estaban en marcha. El teletrabajo ha sido una tendencia en ascenso durante años, gracias a la mejora de la tecnología y a una creciente sensación de que las horas que se pasan en la mesa no son la mejor forma de medir el valor o la productividad de una persona.

Cuando en Monotype cerramos las oficinas, como muchas otras empresas, lo hicimos en principio para dos semanas, con la previsión de volver a evaluar la situación tras ese periodo inicial. Más de tres meses después (y lo que nos queda), este planteamiento ya no tiene sentido. La realidad es que puede que el personal de muchas empresas nunca vuelva a la oficina a tiempo completo o en su totalidad, por lo que ha llegado el momento de replantearse cómo se realizará el trabajo creativo a largo plazo.

«Como personas y como estudios y organizaciones, no podemos forjar solos el futuro de nuestro sector o disciplina», afirma Fooks-Bale. «Debemos tener amplitud de miras, abrirnos y derribar los muros de nuestras culturas, abandonar nuestra zona de confort, abrazar las nuevas tecnologías, comprender a las comunidades y cuestionar los modelos actuales; y, sobre todo, colaborar y escuchar».

En muchos sentidos, la pandemia del COVID-19 ha acelerado tendencias que ya estaban en marcha.

Este replanteamiento abarca tanto la mentalidad como el software y los sistemas. «Si hay algo que nos ha enseñado el COVID-19 es que las lamentaciones de muchas empresas sobre el teletrabajo no han servido para nada», apunta Mandolese. «Funciona y funciona bien».

Esto no significa que todos los profesionales del diseño o la escritura vayan a querer trabajar desde casa a tiempo completo, ni que todas las empresas vayan a cerrar sus oficinas permanentemente (aunque algunas sí lo harán), sino que la flexibilidad y el equilibrio serán clave en ambos sentidos, al menos una vez que las oficinas puedan retomar su actividad con seguridad. Al final, lo importante es la calidad del trabajo, así como dar a los equipos la libertad para determinar dónde y cuándo son más creativos y productivos.

«Antes de esto, no había probado el teletrabajo, pero me atraía la idea», cuenta Mandolese. «Después de haberlo probado varios meses, veo que funciona para la mayoría de los equipos y las personas de la oficina moderna. Y, sobre todo, para los y las profesionales de la creación. De cara al futuro, espero que podamos encontrar un equilibrio saludable entre el trabajo a distancia y el presencial, porque ambos tienen sus ventajas».

«Probablemente, todas las personas nos hemos cuestionado alguna vez si trabajamos en casa o vivimos en el trabajo», dice Fooks-Bale. «Ayudarnos unas a otras se ha convertido en una prioridad. El agotamiento, el estrés, los pensamientos compulsivos y el aislamiento son reales, por lo que ahora es más importante que nunca apoyarnos mutuamente. Todo el mundo echa de menos los eventos del sector, las exposiciones y las cervezas de después del trabajo con colegas».

Si hay algo que nos ha enseñado el COVID-19 es que las lamentaciones de muchas empresas sobre el teletrabajo no han servido para nada. Funciona y funciona bien.

Mike Mandolese, responsable de diseño, HP Hood.

Walker está de acuerdo en que cada modalidad de trabajo tiene sus ventajas y desventajas. «Echo de menos el aspecto social de la oficina y la colaboración presencial», explica, «aunque estoy disfrutando mucho de las tardes de diseño sin interrupciones. Creo que cómo te sientas sobre el teletrabajo depende de lo que te motive como diseñador o diseñadora».

Fooks-Bale compara la experiencia del teletrabajo con una montaña rusa: es necesario pasar por altibajos para llegar a una fase más estable. «Estamos pasando por tantas cosas, que es comprensible dejarse llevar por la negatividad», explica. «Es fácil que nos olvidemos de que las dificultades suelen suponer el nacimiento de un nuevo panorama; creamos y trabajamos juntos para solucionar los problemas que aparecen. Se trata de que todos y todas, a nivel individual y colectivo, definamos cómo será la nueva normalidad».

«El resultado más importante que hemos logrado ha sido la confianza que se ha generado entre equipos, dentro de los mismos y en relación con el equipo directivo», cuenta Fooks-Bale. «No solo es algo que debe quedarse, sino que se debe apostar por ello».

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